¡Rara vez llueve a gusto de todos! Pero ¿qué pasaría si a todos les lloviera helado de fresa con vainilla…? Las quejas tendrían un sabor sumamente dulce y quizás a todos nos gustaría quejarnos.

Sin embargo, las quejas no saben a helado de fresa con vainilla y entonces, pasa que a los clientes no les gusta para nada quejarse, pues esperan que los productos y servicios cumplan sus expectativas de compra, y quien se queja es porque realmente quiere la empresa y espera que le solucionen con un nuevo servicio su protesta.

Hay compañías que incluso tienen creados hasta departamentos de quejas, para solventar estas situaciones, pues esperan tener quejas toda la vida…

Lo malo de un cliente que se queja, es tenerlo lejos como para no escucharlo, tal y como pasa en el canal ferretero, donde los compradores están allá en sus negocios, y trasmiten sus quejas a los agentes de venta, y empieza la maraña de insatisfacción.

Nada como tener la oportunidad de mirar al cliente a los “ojos”, en un ambiente distendido y hasta neutral, para tenderle la mano.

Muy buenos y mejores negocios han salido de tan solo escuchar a un comprador que implora por un mejor servicio o por un producto que no era el esperado.

 

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